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HISTORIA DE LA IGLESIA ANGLICANA

La Iglesia ha existido en Gran Bretaña desde los primeros siglos de la época cristiana. En el Concilio de Arles, en el año 314, participaron tres obispos británicos. Al llegar los invasores anglosajones en el siglo V, la iglesia fue confinada a las sierras de Gales e Irlanda. Un siglo más tarde, los anglosajones fueron evangelizados por monjes celtas de Irlanda y Escocia y por monjes italianos de Roma. El líder de los monjes romanos, Agustín, estableció la sede de Canterbury en el siglo VI. En el año 664 la rama celta aceptó la primacía de Canterbury y todos quedaron bajo la creciente autoridad del Obispo de Roma.
Antes del siglo XVI ya habían aparecido críticas por el estado de la iglesia, entre ellos el catedrático y párroco Juan Wycliff (1329-84). Wycliff sostuvo la superioridad absoluta de la Biblia sobre los pronunciamientos de la Iglesia en asuntos de fe y práctica. Insistió que cada hombre y mujer tenía el derecho de leer y oír las escrituras en su lengua madre. Wycliff produjo la primera traducción de la Biblia al inglés, la que sirvió de base a otra, hecha por Guillermo Tyndale en 1526, la que ayudó a preparar el terreno para una «revolución» espiritual en Inglaterra.
No es necesario hablar inglés para ser buen anglicano, ¡pero un poquito de latín ayuda! En documentos medievales se habla de la «Ecclesia Anglicana». Esta frase se parece tanto a «Iglesia Anglicana» que vale la pena notar que antes de la reforma era básicamente una designación geográfica de la rama de la Iglesia Católica Romana (la única en occidente) en Inglaterra y otras partes de las Islas Británicas. La existencia de la Iglesia Anglicana como una iglesia con su propio gobierno independiente comienza con la reforma, aunque doctrinas fundamentales como la Trinidad son anteriores a esta época. Recordemos que el cristianismo estaba presente en las islas británicas ya desde el siglo III.


REFORMA

Al llegar el siglo XVI, las Iglesias que estaban en comunión con Roma se habían alejado mucho de la sencillez y espiritualidad de la Iglesia Apostólica. La tremenda inquietud entre seres humanos sinceros con relación a este estado de cosas se cristalizó cuando el monje alemán, Martín Lutero, lanzó su desafío contra las corrupciones de la Iglesia Católica Romana en 1517.
Lutero había descubierto en la Biblia una verdad básica que la Iglesia había sepultado bajo un montón de tradiciones humanas. Era la doctrina de la justificación por la fe, según la cual el ser humano no puede obtener el perdón de sus pecados por sus propios esfuerzos. Según la postura teológica de los Reformadores, todo el aparato ritual de la Iglesia Medieval - tanto penitencias como peregrinaciones, ayunos, austeridades, absoluciones, misas, purgatorio, reliquias e indulgencias - era insuficiente como medio de reconciliar al ser humano con Dios. La reconciliación ya la había efectuado Dios mismo, actuando en Cristo. Dios acepta (justifica) al ser humano que está en Cristo. Queda entonces para el ser humano el aceptar al Salvador por fe, arrepintiéndose y sirviendo a su Señor en el poder del Espíritu Santo como expresión de su confianza y gratitud. Ver Artículos 10, 11, y 12 de los 39 Artículos. Este redescubrimiento creó nueva vida en la Iglesia. Brotó una gozosa libertad espiritual que no pudo ser contenida bajo las formas medievales. Trágicamente, el Papa y los Cardenales se resistieron a los cambios propuestos. Las Iglesias de Europa tuvieron que decidir entre la autoridad de Roma y la autoridad de la Biblia.
Cuando la ley que negaba la supremacía papal fue introducida por el rey en el parlamento en 1534, una gran mayoría estuvo a favor. Así había comenzado la Reforma de la Iglesia en Inglaterra.


En los siglos posteriores a la Reforma, la Iglesia Anglicana ha llegado a tener unos 70 millones de miembros en todas partes del mundo. Es más correcto hablar de la «Comunión Anglicana», una comunidad de 56 Iglesias autónomas o Provincias Eclesiásticas, entre las cuales, la Iglesia madre, la Iglesia de Inglaterra, es solamente un miembro. El Arzobispo de Canterbury no posee ninguna autoridad papal, pero su presidencia en la Conferencia de Lambeth, que reúne a los obispos cada 10 años, conserva la unidad básica de la Comunión. Ni el Arzobispo, ni la Conferencia de Lambeth, pueden imponer sus decisiones sobre las Iglesias locales. Lo mismo sucede con la Conferencia de Arzobispos y Obispos Primados que se reúne cada tres años y con el Consejo Consultivo Anglicano que también se reúne cada tres años. Ellos tienen, más bien, una autoridad moral y no ejecutivo.
Inevitablemente el espíritu de comprensión ha traído mucha diversidad a la Iglesia Anglicana. Al no forzar a sus fieles a una conformidad absoluta, el Anglicanismo pone su confianza en la autoridad del Espíritu Santo - «El os guiará a toda verdad» (Juan 16:13). El Libro de Oración Común y Los 39 Artículos de la Religión, protegen la Iglesia contra herejía, desorden, y anarquía, pero no se le quita al individuo el derecho y el deber de seguir su conciencia iluminada por el Espíritu y la Palabra. Su ideal es una fusión de disciplina corporativa y responsabilidad individual: creyentes que no sean esclavizados, ni por la ley, ni por la licencia.

Desde sus comienzos, el desafío anglicano ha sido:

"muéstrenos que hay algo claramente expuesto en la Sagradas Escrituras, que nosotros lo enseñamos y lo enseñaremos. Muéstrenos que hay algo, en nuestra enseñanza y practica, claramente contraria a la Sagradas Escrituras y lo abandonaremos. Poniendo nuestra confianza en la autoridad emanada de las Sagradas Escrituras y del Espíritu Santo, (Él os guiará a toda verdad - Juan 16:13), servimos al Señor."