EL MINISTERIO LAICAL
Según los Cánones de nuestra Diócesis Anglicana de Argentina, los números 6.1 y 6.2 se refieren a
Los Ministros Laicos.
A. Una persona competente, dispuesta y deseosa de servir a la Iglesia en la dirección del culto público específicamente como Ministro Laico, deberá obtener una licencia del Obispo Diocesano. En lugares donde hubiere un Presbítero encargado, se requerirá la recomendación del mismo previamente.
Lo anterior no deberá ser interpretado de tal manera que impida que otras personas laicas (sin Licencia), autorizadas por el Obispo, ayuden a clérigos en la dirección del culto público en ciertas ocasiones.
B. Para obtener una licencia como Ministro Laico, el solicitante deberá ser comulgante pleno de la Iglesia, activo en la misión y ministerio de su congregación y en el sostenimiento de su Misión o Parroquia. Presentará al Obispo Diocesano una solicitud por escrito, indicando su edad, la razón por la cual aspira a una Licencia, prueba de su Bautismo y Confirmación, y un certificado de su pastor inmediato o, si no lo hubiese, del Consejo Parroquial, indicando su capacidad para el cargo.
C. Para recibir una Licencia de Ministro Laico, el interesado recibirá capacitación, y será considerado apto en las siguientes materias:
1. Sagradas Escrituras, contenido y antecedentes;
2. El Libro de Oración Común e Himnario;
3. Historia de la Iglesia;
4. Doctrina de la Iglesia como se establece en los Credos y Oficios de instrucción;
5. La Dirección del Culto Público;
6. Uso de la voz;
7. Administración Parroquial;
8. Cánones apropiados;
9. Cuidado pastoral;
10. Introducción a la hermenéutica;
11. Introducción a la homilética.
El Obispo Diocesano podrá nombrar un representante, persona o comisión, con autoridad para actuar en la aprobación inicial de solicitantes de Licencias, y en la capacitación, y certificación de la aptitud de los mismos para el otorgamiento de las Licencias.
D. La Licencia de Ministro Laico podrá ser concedida por el Obispo Diocesano, por un período definido que no excederá tres años, y podrá ser renovada subsecuentemente a discreción del Obispo Diocesano. Dicha renovación será determinada con base en el interés continuo, las capacidades de cada Ministro Laico, y su disposición a continuar perfeccionándose en las áreas de su ministerio. A este fin, presentará periódicamente un informe escrito, a pedido del Obispo o de la persona responsable de su supervisión. La Licencia de un Ministro Laico podrá ser revocada por el Obispo Diocesano en cualquier momento.
E. En todo asunto relacionado con la dirección del oficio, los Sermones u Homilías que se leyeran, y las vestimentas o atavío apropiado, el Ministro Laico se conformará a las instrucciones del Párroco o Ministro encargado de la Parroquia, Congregación o Misión en la cual presta sus servicios.
Dirigirá únicamente los siguientes oficios, o partes de los mismos, y observará las limitaciones especificadas:
1. Oración Matutina y Vespertina, sustituyendo la Absolución, por la forma aprobada en la rúbrica respectiva;
2. La letanía;
3. El Oficio Penitencial;
4. Los Oficios de Instrucción;
5. El Orden de Santa Comunión, exceptuando la absolución, la Plegaria Eucarística, la bendición final y cualquier otra porción reservada de modo específico para presbíteros;
6. Los Oficios de Entierro; sustituyendo la bendición sacerdotal por la oración final de la forma corta para Oraciones Vespertinas Familiares; sustituyendo la bendición sacerdotal en la tumba por la oración final de la forma corta para Oraciones Matutinas familiares; y sustituyendo la bendición sacerdotal en el Entierro de un Niño por la oración final de la forma corta para Oraciones Vespertinas Familiares.
7. Durante la ausencia prolongada de un presbítero, con la autoriza-ción del Obispo Diocesano (y donde la práctica de la congregación local así lo admita) podrá administrar ambas especias del sacra- mentó de la Santa Comunión, que hayan sido previamente consagradas por un presbítero u Obispo.
F. Podrá dirigir sermones o alocuciones de su propia composición, bajo la guía del párroco después de la debida instrucción y cuando tenga Licencia especial del Obispo Diocesano para hacerlo.
G. Un Ministro Laico podrá administrar el Cáliz durante la Santa Eucaristía; siempre que tenga una Licencia especial del Obispo Diocesano para hacerlo. Dicha Licencia especial será concedida únicamente a solicitud, y con la recomendación del Párroco o Ministro encargado de la Parroquia. Congregación o Misión donde el Ministro Laico estuviese prestando sus servicios. La Licencia para administrar el Cáliz será concedida por un período que no exceda de tres años, y será revocable en cualquier momento por el Obispo, o por el Ministro que la hubiese solicitado.
6.2 De Los Ministerios Laicales
En todo ámbito de esta Diócesis se darán las mayores oportunidades para el desarrollo, capacitación y utilización de los diversos ministerios y dones de los laicos comprometidos en la vida de la Iglesia.
¿QUE ES LA PROVINCIA ANGLICANA DEL CONO SUR?
En nuestras Iglesias de Argentina, Bolivia Chile, Paraguay, Perú y Uruguay
se habla de "la Provincia" ¿Pero que es la Provincia?. Tiene algo que ver con la Organización Anglicana mas allá de la Diócesis. ¿Es entonces algo remoto, o peor algo burocrático? ¡No lo es!.
Bien, pero ¡qué es lo que sí es?. Se debe explicar. La Provincia Anglicana es ...
PARTE INTEGRAL DE LA ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL
Después de la Católica Romana, la Iglesia Anglicana es actualmente la más difundida por todo el mundo. Nuestra Provincia del Cono Sur consiste en 7 diócesis ubicadas en seis repúblicas. Es una de las 36 Provincias Anglicanas distribuidas entre las Américas, África, Asia, Europa y Oceanía. Somos una entre las más grandes geográficamente pero entre las más pequeñas en membresía total. Sin embargo contamos con unos treinta mil miembros y 300 congregaciones esparcidas entre ciudades principales y regiones rurales del Cono Sur.
Típicamente, la organización anglicana consiste en congregaciones o parroquias con un Presbístero (pastor), diócesis con su obispo u obispos, provincias con su obispo primado y la Comunión con el liderazgo espiritual y moral, pero no ejecutivo, del Arzobispo de Canterbury. Nosotros encontramos nuestro lugar de valor en esta red Cristiana mundial.
OPORTUNIDAD VITAL DEL ENCUENTRO
Los encuentros de hermanos llegando desde distantes partes de nuestra Provincia son motivo de una. Cada tres años, tres representantes de cada Diócesis se reúnen en un sínodo alegría especial para, entre otros motivos, identificar prioridades en Misión que nos toca . El Consejo Ejecutivo Provincial entonces se convoca una o dos veces por año para ayudar o poner por obra estos ministerios de prioridad. Pero los encuentros no se limitan a los que tienen tales responsabilidades generales. La Provincia llega a ser oportunidad de encuentro y foco de unidad.
RESPALDO NECESARIO PARA CADA CONGREGACIÓN LOCAL
La Iglesia Anglicana no es "congregacionista" pero igual valora muchisimo la congregación local. Ahí está el foco de su vida, testimonio y acción principal. Pero ninguna congregación es una isla independiente que ni necesita ayuda ni ofrece ayuda a otros. Además todos requieren ministerios de toda clase. Ellos van a surgir de sus miembros pero, para que surjan y se capaciten, necesitan un programa de capacitación diocesano y aún provincial.
Prebisteros a cargo de congregaciones necesitan el apoyo pastoral y supervisión de obispos. Obispos diocesanos necesitan el apoyo del Obispo Primado y demás obispos en la provincia. Estas relaciones de responsabilidad mutuas son saludables y esenciales. Por no tener apoyo ni la necesidad de rendir cuentas a nadie, algunos líderes de otras iglesias evangélicas han caído en graves problemas y errores. Se nota que el proceso de elegir nuevos obispos en cualquier diócesis es velado por la Provincia: Algo que respalda su correcta ejecución y seriedad.
VOZ EN LA COMUNIDAD ANGLICANA
Por tener mas de 60 millones de miembros distribuidos en casi todas las na-ciones, la Iglesia Anglicana tiene una posibilidad especial de tener testimonio e in-fluencia en el mundo de hoy. Por ejemplo tiene oficina en la sede de las Naciones Unidas. Pero la voz anglicana tiene que ser la voz de sus miembros. El hecho de que nuestra provincia tiene representación en las reuniones internacionales de la Comunión Anglicana (CCA, Reunión de primados, Conferencia de Lamberth) y acceso al Arzobispo de Canterbury ofrece la oportunidad de hacer nuestra contribución en cosas de importancia. Actualmente estamos trabajando con otros para fortalecer el consenso sobre una posición fiel a la Biblia en el asunto de Sexualidad y matrimo-nio. No se debe olvidar que las acciones hablan más claramente que palabras. Colaborando entre todos en la Provincia estamos enviando una suma impor-tante cada año para ayudar a los hurfanos de la guerra civil en Ruanda.
CAMPO MISIONERO VASTO Y DESAFIANTE
Ojalá que sigamos ofreciendo algo en la misión de la Iglesia en todo el mundo. Damos gracias a Dios por las iniciativas misioneras de ultramar desde Chile y otras diócesis. Sin embargo tenemos un campo misionero de gran escala y alta necesidad y oportunidad en las seis Repúblicas de la Provincia. Una región donde tenemos una responsabilidad especial. Se han definido nuestras prioridades a nivel Provincia para cumplir mejor con esta misión integral (Evangelismo y compromiso social) dando énfasis especial al ministerio juvenil, familiar e indígena y esforzándonos en la capacitación de nuestra membresía. Al fin de cuentas la Provincia debe ser instrumento de misión. Si no lo es, no cumple su función.
OPERACIÓN ECONÓMICA
¿Y cuanto cuesta la operación de la Provincia? Casi todo lo que se hace a nivel Provincia se hace voluntariamente. A pesar de las distancias enormes que tenemos que cubrir, mantenemos gastos de viajes al mínimo, pasando hasta varias noches seguidas en ómnibus para evitar el costo adicional de vuelos. Cada vez más estamos aprovechando el correo electrónico para mantener comunicaciones rápidas y económicas. Sin embargo, hay otros costos. Entre otras cosas contribuimos desde la Provincia al ministerio evangelístico, juvenil, y de capacitación. El presupuesto total de la provincia actualmente llega a una sexta parte del promedio de lo de nuestras diócesis individuales. La contribución directa de la diócesis no alcanza al 1% de sus gastos anuales totales. Queremos mantener una operación económica y asegurar que lo que se invierta en la Provincia sigue siendo algo que rinde muchos beneficios.
VISIÓN COMPARTIDA
Los miembros de la Iglesia Anglicana en la Provincia del Cono Sur viven de comunidades indígenas tanto de los barrios menos privilegiados como los más privi-legiados de las ciudades capitales y provincias y pueblos rurales. Por nuestra histo-ria de misiones y capellanías tenemos distintas tradiciones eclesiásticas. ¿Es realista entonces hablar de una visión unidad y compartida a nivel provincial?
Lo que sí se puede afirmar que desde la inauguración de la Provincia en el año 1983 las amistades, vínculos y confianza mutua entre todas las diócesis se han profundizado y aumentado cada vez mas. Amándonos es más fácil identificarnos: vasija de barro sí, pero cargada con tesoros de una tradición y compromiso que es evangélica y católica: ambos según la Biblia y por el Espíritu ¿Qué es la Provincia entonces ? Puede ser que es un telescopio ayudándonos a ver nuestra identidad y misión, no sólo de cerca, sino más allá.
LOS MOVIMIENTOS RENOVADORES EN LA IGLESIA
EL MOVIMIENTO EVANGELICO
El movimiento de Wesley comenzó a influenciar a muchos clérigos dentro de la Iglesia de Inglaterra. Estos clérigos comenzaron una predicación fogosa en un avivamiento espiritual lo que produjo una multiplicación de oficios en las parroquias; indujo nuevamente a tomar párrocos residentes e influyó más y más en la vida de la comunidad. Se celebraba el Oficio Diario públicamente; cosa que se pudiera comenzar y terminar el día con oración; además se organizaron reuniones de oración no sólo los domingos sino en días de semana. Algunos cultos durante la semana se celebraban en casas particulares, especialmente en lugares alejados de la iglesia parroquial.
Con este movimiento se popularizó el canto de himnos. Si bien al principio hubo muchos que se burlaron de esto, y, aunque el Libro de Oración no tiene previsto su uso, gradualmente se impusieron y fueron aceptados como parte integral del Oficio. Las congregaciones comenzaron a crecer y con ello también a restaurarse los templos. Pronto muchas iglesias parroquiales debieron ampliar sus edificios.
LA ESCUELA DOMINICAL
En esta época, a fines del siglo XVIII, se popularizaron por toda Inglaterra las "Escuelas Dominicales". El iniciador de este movimiento fue Roberto Raikes, de Gloucester. El objetivo de las mismas era enseñar a leer y escribir a los niños cuyos padres no podían enviarlos a la escuela, enseñarles la Biblia, llevarlos al Culto. Fue una institución creada para llenar un vacío en un sector de la sociedad que ha perdurado hasta nuestros días, por supuesto adaptándose a las circunstancias, pero siendo hoy el objetivo principal la educación cristiana de los niños y niñas.
LAS SOCIEDADES MISIONERAS
El siglo XIX vio mucha actividad misionera, de parte de anglicanos y otros. Dos sociedades anglicanos ya existían: la S.P.C.K. (Sociedad para la Promoción del Conocimiento Cristiano) y la S.P.G. (Sociedad para la Propagación del Evangelio) fundadas en 1698 y 1701. En 1799 se fundó la C.M.S. (Sociedad Misionera de la Iglesia) y en 1809 la C.M.J. (Sociedad Misionera para los Judíos) como resultado de la iniciativa de Carlos Simeon, Juan Venn y otros. En 1857 se fundó la U.M.C.A. (Misión Universitaria al Africa Central, ahora unida con la S.P.G. como la U.S.P.G., Sociedad Unida para la Propagación del Evangelio), en 1844, la Asociación Misionera para la Patagonia, posteriormente la S.A.M.S. (Sociedad Misionera para Sudamérica) y en 1924 la B.C.M.S. (Sociedad Misionera Bíblica de la Iglesia). Muchos anglicanos también fueron activos en sociedades interdenominacionales, como la Sociedad Bíblica.
Como resultado de la labor de los misioneros, la Iglesia Anglicana se extendió a todas partes del mundo, especialmente al Africa y a la India. Las Sociedades Misioneras eran sociedades totalmente independientes, pero hoy día trabajan en una relación mucha más estrecha con el sínodo de la Iglesia de Inglaterra, y, por supuesto con los obispos en los países donde trabajan.
EL MOVIMIENTO DE OXFORD
El siglo XIX vio muchos cambios en la Iglesia de Inglaterra. Había mucha actividad misionera, especialmente en el continente africano. Sin embargo, en Inglaterra misma, las distintas iglesias perdieron influencia frente a la industrialización y a nuevas formas de pensar. Algunos anglicanos vieron la solución en términos de un retorno a la vida de la iglesia antes de la reforma. Querían una iglesia independiente del estado, bajo la autoridad del episcopado. Este movimiento se conoce bajo varios nombres. Se llama "El Movimiento de Oxford" por el hecho de que su historia se remonta a un sermón predicado en esta ciudad, donde muchos de sus líderes importantes fueron docentes en la universidad. A veces se llama "El Movimiento Tractariano" porque se editó una seria importante de "tratados" para promover sus ideas. A veces se llama "El Movimiento Anglo-católico" o "El Movimiento Ritualista" por su deseo de volver a la iglesia de Roma y sus rituales. El líder principal del movimiento, John Henry Newman, intentó interpretar la doctrina de los 39 artículos, que normalmente se reconoce como un calvinismo moderado, de una manera coherente con la doctrina de la Iglesia Católica Romana, pero luego reconoció que esto no era posible. Dejó la Iglesia de Inglaterra y pasó a la Iglesia Romana, donde llegó a ser cardenal. Algunos lo siguieron, pero muchos otros quedaron en la Iglesia Anglicana. El movimiento de Oxford tuvo mucha influencia entre anglicanos dentro y fuera de Inglaterra, especialmente en Estados Unidos, y en Sudáfrica.
La Iglesia de Inglaterra conserva una gran variedad de expresiones, pero muchos de los conceptos y las costumbres, considerados hoy día como "típicamente anglicanos", fueron desconocidos desde la reforma hasta fines del siglo pasado. Entre ellos se puede notar el uso de términos como "misa" y "altar", el uso más común de la palabra "sacerdote" para referirse al ministro cristiano, el uso de liturgias parecidas a la misa y las vestimentas de la misa romana, el concepto de la Cena del Señor como un sacrificio que el hombre ofrece a Dios, plegarias por los difuntos, el sacramento reservado, y la aceptación posible de la autoridad del Papa en alguna forma.
EL MOVIMIENTO CARISMATICO
El movimiento carismático, a veces conocido como neo-pentecostalismo, o el movimiento de renovación, es un movimiento dentro de las iglesias establecidas que destaca enseñanzas y prácticas típicas de las iglesias pentecostales. Se hace énfasis en los dones del Espíritu Santo, como la profecía, la sanidad y el hablar en lenguas.
Este movimiento ha crecido mucho entre los anglicanos durante los últimos 30 años en todas partes del mundo, especialmente en Inglaterra, Estados Unidos y Sudáfrica. En la Argentina, se encuentra en todas las denominaciones, incluyendo la Iglesia Católica Romana. En nuestra Diócesis la influencia del movimiento se debe mucho a las visitas de miembros de SOMA (Sharing of Ministries Abroad, "Ministerios compartidos en ultramar") de la Iglesia Episcopal Norteamericana.
Los reformadores destacaron la obra santificadora del Espíritu Santo: el movimiento carismático y las iglesias pentecostales tienden a enfatizar los dones y el poder del Espíritu Santo.
EL LIBERALISMO
El liberalismo teológico, que llegó a ser muy importante en el siglo XIX, no tiene nada que ver con el "liberalismo" económico y político. No es realmente un movimiento, sino una manera de pensar asociada con la crítica de la Biblia, y algunos descubrimientos científicos.
En siglos anteriores, los judíos Ibn Ezra y Spinoza habían señalado problemas en el texto bíblico, y habían sugerido que (por ejemplo) Moisés no era el autor de todo el Pentateuco. En el siglo XIX, descubrimientos científicos, especialmente la teoría de la evolución de Darwin, combinaron con la crítica bíblica para producir un clima intelectual en el cual el cristianismo llegó a ser visto como solamente una religión entre otras, y no como una revelación única. En cuanto al Nuevo Testamento, Jesús fue visto como un hombre sobresaliente, pero meramente un hombre, no divino en el sentido tradicional.
En general, estas ideas fueron aceptadas en Alemania antes que en Gran Bretaña. Provocaron mucha controversia, pero para fines del siglo XIX fueron aceptadas en el ámbito universitario, y en la mayoría de los seminarios.
LOS SACRAMENTOS EN EL ANGLICANISMO
Muchas veces surge el tema de los Sacramentos, Cuántos son, y que si bien este es un tema de preparación para la primera comunión y/o confirmación; me parece oportuno recordar lo que aparece en el catecismo y en "los 39 Artículos de la Religión".
Ante todo y para evitar problemas, debemos definir términos: ¿Qué es un Sacramento? Si nos remitimos al Catecismo, leemos que "Los sacramentos son signos externos visibles de una gracia interna y espiritual, dados por Cristo como medios seguros y eficaces por medio de los cuales recibimos esa gracia."
Ante esta definición, debemos tener claro que los Sacramentos no son "Ritos mágicos" por medio de los cuales el sacerdote manipulea los "favores divinos"; estos se tornan eficaces solamente por la gracia divina y la gracia a favor de Dios hacia nosotros, es por medio de ella que nuestros pecados nos son perdonados, nuestras mentes iluminadas e inspiradas, nuestros corazones son estimulados o avivados y nuestra voluntad es fortalecida.
Luego surge la pregunta ¿Cuantos sacramentos hay?
Los anglicanos sostenemos lo siguiente: hay dos sacramentos ordenados por Cristo y esenciales para la salvación; el Santo Bautismo y la Santa Misa, Comu-nión y Eucaristía.
Existen además otros cinco sacramentos, que como no se aplican a todas las personas, no hacen a la esencia salvífica, que son: La confirmación, la Ordenación (Diáconos presbíteros y obispos), el Santo Matrimonio, la reconciliación de un pe-nitente y la Extrema Unción.
Lo antedicho no solo lo encontramos en el catecismo, que se encuentra en el Libro de Oración Común (edición 1989 de ECUSA, Nueva York, N.Y.), sino también en el artículo XXV, "de los Sacramentos" en los llamados "Artículos de la Religión o los 39 Artículos".
Por lo tanto, los anglicanos decimos, existen 7 Sacramentos en total, de los cuales 2 son esenciales para la salvación - Bautismo y Eucaristía - siendo los otros medios de gracia pero no necesarios para todas las personas.
Fraternalmente en Cristo.
Rvdo. Charlie Halperin
LAS ESTACIONES O TIEMPOS LITURGICOS
por el Revdo. Cgo. Carlos E. J.Halperin
PRIMERA PARTE
Puede llamarnos la atención, que en nuestras iglesias - al igual que en algunas otras - se sigue un calendario litúrgico y periódicamente notamos cambios en los ornamentos sacerdotales, del altar, y si hubiese en el púlpito y el ambón.
Los cambios que nosotros notamos son: los colores, la total desnudez del templo el Viernes Santo y la periodicidad con que estos cambios se ejecutan.
Debemos tener claro algunos elementos que nos ayudarán a entrar en tema y a comprender mejor esta tradición de los Tiempos Litúrgicos.
Ante todo estamos ante símbolos. El ser humano se expresa mediante símbolos, los que pueden cambiar de significado según su uso, cultura y contexto. Por ejemplo: el color rojo en la liturgia de la Iglesia simboliza al Espíritu Santo, o a la sangre de los mártires, también a la Pasión y al fuego; pero ese mismo color rojo en las señales ferroviarias es un aviso de peligro y/u orden de no avanzar lo mismo que en el semáforo - es por esto, que siempre es conveniente aclarar bien los términos, ya que uno puede tener significados diferentes, según la tradición eclesiástica a la que nos estamos refiriendo; por ejemplo en la Iglesia Oriental el término "Liturgia" se refiere exclusivamente a la Santa Eucaristía o Santa Comunión, mientras que en el occidente de tradición latina, se refiere al conjunto de ceremonias de la Iglesia, para rendir culto a Dios, celebrar o administrar los sacramentos. También debemos tener claro que, cuando se trata de símbolos, estos jamás pueden tener más importancia o relevancia que el simbolizado.
En lo que hace a los símbolos o colores, voy a citar un párrafo del "Diccionario abreviado de liturgia" de Casiano Floristán, Editorial Verbo Divino, España 2001.
"Colores litúrgicos:"
"Los colores de los ornamentos litúrgicos aparecen en el siglo IX", "se reglamentan en el XIII y se consolidan en el XVI. Cambian según los tiempos y fiestas del año" "litúrgico. El color principal es el blanco, del que surgen los 7 colores del arco iris"
"Recordemos que los sistemas simbólicos y los códigos sociales giran en torno " "a la oposición entre el blanco y sus dos contrarios: el rojo y el negro. En una" "tela o en un vestido los colores ayudan a configurar símbolos (banderas) o acontecimientos (procesiones, manifestaciones). Los colores pueden" "tranquilizar o excitar. Hay un color cálido (rojo) y otro seco (amarillo), uno frío " (azul) y otro húmedo (verde). El azul va ligado al varón y el rojo a la mujer. "El blanco significa alegría, inocencia, resurrección, gloria celestial. El rojo asociado a la sangre y al fuego, es color de corazón: denota pasión, revolución, vida, "pentecostés y martirio. El amarillo indica alegría, optimismo y buen sentido. El "naranja, coraje, motivación, creatividad y organización. El verde, sociabilidad, "responsabilidad, esperanza, paz, serenidad y ecología. El morado, humildad, "penitencia, deseo y dolor. El azul, suavidad, fidelidad, paciencia, tolerancia y "confianza. Y el negro, anarquía, oscuridad, luto y muerte.
Los colores litúrgicos" subrayan el sentido de cada celebración. Por ejemplo, en Navidad, pascua, "fiestas del Señor, de la Virgen o de los Santos no mártires se celebra de blanco; "los domingos durante el año, de verde, en adviento y cuaresma, de morado, el "viernes santo, pentecostés y fiestas de mártires, de rojo, en la Inmaculada, de azul." (NB esta última es una fiesta de la I C R solamente).
Habiendo aclarado estos puntos, que me parecen importantes, a través de los siglos la Iglesia, ha dividido el año en cuatro períodos o estaciones/tiempos litúrgicos, a saber: el año comienza con el 1er. domingo de Adviento. Adviento es un término que proviene del latín, que significa "acción de venir hacia algo o alguien". Es el tiempo propicio para prepararse espiritualmente para: a) conmemorar la venida o nacimiento del Señor; b) hacer hincapié en la Segunda Venida y al final de los tiempos; c) reafirmar la esperanza salvífica de Dios prometida en los profetas. Dura 4 domingos y son los anteriores al Día de Navidad. Nos recuerda que los cristianos debemos estar en estado constante de preparación espiritual para cuando se produzca la "parousia" o la venida final del Mesías a la conclusión de los tiempos.
Es un recordatorio del compromiso sin límites de María, de José, y se destacan las figuras del Precursor, i.e. San Juan Bautista, y al profeta Isaías.
El color habitual es el morado, ya que es un tiempo de recogimiento y preparación; pero también suele utilizarse el "azul real" o "azul francia"; ya que es una estación o tiempo en el cual el pueblo se prepara para recibir a su rey.
Distintas tradiciones enfatizan temas diversos durante cada uno de los cuatro domingos de adviento.
Esta estación, es seguida por Navidad, cuyo color es el blanco, y es también fecha fija, el 25 de diciembre, se celebra el Nacimiento de Jesús. (ver: Mateo 1:18 - 25; Lucas 2: 1 - 7;). Es fecha de regocijo, de esperanza y confirmación del poder de Dios a través del amor. Hemos mencionado dos evangelios que detallan el nacimiento de Jesús, pero, los llamados "Evangelios Apócrifos" han aportado elementos que han pasado a la tradición popular: por ejemplo la presencia del buey y de la mula.
Lo importante de esta fiesta es que el Verbo, adquiere forma humana; "se encarnó" en María, es Dios hecho hombre. Con esto la Iglesia celebra el hecho histórico del nacimiento de Jesús y marca el comienzo de la nueva y final etapa del plan salvífico de Dios. Según el calendario del año, pueden existir entre Navidad y Epifanía uno o dos domingos.
La próxima estación se denomina "Epifanía" (conocida localmente como "Día de Reyes" en alusión a los reyes, sabios o magos del oriente), y es el 6 de enero; el término proviene del griego significando "aparición" o "mostrar". Entre los griegos "Epifanía" era cuando el soberano visitaba a sus súbditos o si tomamos su significado negativo, era la aparición del enemigo. En el Nuevo Testamento es la aparición del Cristo al mundo, es el soberano que viene a tomar posesión de su reino.
Es también el mundo pagano y gentil que aclama al Niño Dios, en las figuras de los magos o sabios de oriente; su color es el blanco; y durante la estación de Epifanía (a excepción del 1er. domingo después de Epifanía que es Bautismo de Señor - que su color es blanco), se utiliza el verde y se mantiene hasta el Miércoles de ceniza. La duración de la estación de Epifanía es variable, ya que depende de la fecha de Pascua, que a su vez fija el día del Miércoles de Ceniza; Pentecostés, Domingo de Trinidad y duración del Tiempo Ordinario, de Pentecostés o durante el año".
SEGUNDA PARTE
por el Revdo. Cgo. Carlos E.J.Halperin
Con el Miércoles de Ceniza, cuyo color es el morado, comienzan los 40 días de meditación, recogimiento y preparación para la Pascua, o al Triduo Pascual. Su duración es de 40 días (sin contar los domingos) que conmemora la estadía de Jesús en el desierto y su fijación en el calendario es variable, debido a: ""Reglas para Determinar la Fecha del Día de Pascua": (ver Libro de Oración Común)"El Día de Pascua es siempre el domingo después del plenilunio que ocurre en o después del equinoccio de primavera del 21 de marzo, fecha que se fija de acuerdo con un antiguo cómputo eclesiástico, y que no necesariamente corresponde al equinoccio astronómico. Este plenilunio podrá ocurrir en cualquier fecha entre el 21 de marzo y el 18 de abril inclusive. Si ocurre en día domingo, el día de Pascua será el domingo siguiente, pero no puede ocurrir antes del 22 de marzo ni después del 25 de abril."
El término "Pascua" se origina en "Pascha" o "Pesaj", que literalmente significa "pasaje" y nos recuerda el pasaje del Pueblo de Israel de la esclavitud egipcia hacia la libertad; el paso del Ángel exterminador (ver los relatos del Exodo), y el paso de Cristo a su Pasión, Crucifixión, Resurrección y Ascensión, por todos nosotros.
Volviendo a la Cuaresma la misma termina el Jueves Santo; la cuaresma era además, una Época de penitencia, de meditación sobre la Pascua; es una Época de re-avivamiento de nuestra fe, esperanza y profundización del compromiso a la vida evangélica.
El Jueves Santo, cuyo color es el blanco, se conmemora "el lavado de los pies" de Jesús a sus apóstoles (Juan 13 : 1 - 16) y la instauración del Sacramento de la Santa Eucaristía; terminada esta celebración se despojan o "desnudan" los altares y la Iglesia comienza su "luto" por la Pasión y crucifixión de Cristo del Viernes Santo, cuyo color es el rojo (al igual que el domingo anterior llamado de Ramos o de Pasión) y que medita, conmemora y destaca el hecho de la cruz y la salvación por medio de ella y no por otra vía, ya que el evangelio verdadero pasa por la cruz de Cristo.
La Pascua, es la fiesta cristiana por excelencia, y toda la estación que sigue - 50 días - es una reafirmación de la resurrección y de la vida eterna y de la gracia divina obtenida por nosotros mediante el único (y suficiente) sacrificio de Cristo en la cruz, la Resurrección, es decir, la derrota eterna de la muerte y el pecado , junto con la Ascensión.
Las distintas "apariciones" de Jesús a los Apóstoles, son un claro signo de que ha conquistado a la muerte y que, en otra esfera o dimensión El nos ha preparado un lugar y que se halla presente en el mundo junto a sus Discípulos y además Junto a Dios Padre. Todo el Tiempo de Pascua tiene al blanco como color litúrgico.
Cincuenta días después de la Pascua, se cambia nuevamente de Estación y entramos en el Día de Pentecostés (ver Hechos 2: 1-36). La base de esta fecha es agrícola, es la cosecha de los cereales, también llamada como "Fiesta de las Semanas". Para la Iglesia, es la venida del Espíritu Santo; es el don que abrió a la Iglesia a todo el mundo; se la puede describir como "el cumpleaños de la Iglesia", ya que por medio del Espíritu Santo comienza la predicación a todas las naciones, y comienza la misión universal. El color del día de Pentecostés es el rojo; y el del primer domingo después de Pentecostés, denominado Domingo de Trinidad (Única fiesta dedicada a un dogma) y su color es el blanco.
Luego continúa el largo periodo de Pentecostés, cuyo color litúrgico es el verde, y es la época de enseñanza y desarrollo de la Iglesia. Existen diversas formas de llamar a este periodo o estación: Pentecostés, Trinidad, Propio, Tiempo Ordinario,(durante el año) el más usado en el ámbito diocesano es el de Pentecostés; esta estación junto con la de Epifanía son las más irregulares con respecto a su duración, ya que dependen de la fecha de la Estación de Pascua, fiesta principal de la Iglesia.
Como podrán ver, cada estación o tiempo litúrgico destaca un aspecto del ministerio de Jesús y de Su Iglesia, para nuestra instrucción, desarrollo espiritual y para la Mayor Gloria de Dios.
Bibliografía:
- Diccionario abreviado de liturgia. C. Floristán - Ed. Verbo Divino,
- España, 2001
- Libro de Oración Común, ECUSA, Ed. 1989
- Los Evangelios Apócrifos - Ed. Porrua, México 1992
- Versión Bíblica: "Libro del Pueblo de Dios", Ed. 1997
BREVE HISTORIA DE LA REFORMA DE LA IGLESIA EN INGLATERRA
PRIMERA PARTE
Se suele decir que la Iglesia Anglicana se inicia por un capricho del rey Enrique VIII, quien queriendo divorciarse y contraer un nuevo matrimonio decide declarar la independencia de la Iglesia en Inglaterra de la de Roma. Pero esta anulación del matrimonio fue la ocasión, y no la causa, de la separación de la Iglesia de Roma. Afirmar lo contrario desmerece el sentir religioso y los esfuerzos de los creyentes de ese tiempo que intentaron mirar la sociedad y la iglesia a la luz de la Biblia para intentar entender como se debía vivir. Además esta afirmación pone en duda la legitimidad de una iglesia independiente de Roma.
Por ello deseamos presentarles un bosquejo de la historia de la reforma en la Iglesia Anglicana en Inglaterra.
Antes de adentrarnos en el período de la reforma es necesario recordar que la Iglesia Anglicana ha existido en Gran Bretaña desde los primeros siglos de la época cristiana. En el Concilio de Arles, en el año 314, participaron tres obispos británicos. Al llegar los invasores anglosajones en el siglo V, la iglesia fue confinada a las sierras de Gales e Irlanda. Un siglo más tarde, los anglosajones fueron evangelizados por monjes celtas de Irlanda y Escocia y por monjes italianos de Roma. El líder de los monjes romanos, Agustín, estableció la sede de Canterbury en el siglo VI. En el año 664 la rama celta aceptó la primacía de Canterbury y todos quedaron bajo la creciente autoridad del Obispo de Roma.
Antes del siglo XVI ya habían aparecido críticas por el estado de la iglesia, entre ellos el catedrático y párroco Juan Wycliff (1329-84). Wycliff sostuvo la superioridad absoluta de la Biblia sobre los pronunciamientos de la Iglesia en asuntos de fe y práctica. Insistió que cada hombre y mujer tenía el derecho de leer y oír las escrituras en su lengua madre. Wycliff produjo la primera traducción de la Biblia al inglés, la que sirvió de base a otra, hecha por Guillermo Tyndale en 1526, la que ayudó a preparar el terreno para una "revolución" espiritual en Inglaterra.
En los próximos números descubriremos como el paso dado por Enrique no fue concluyente y que la reforma se había iniciado antes de él y podemos
decir que se arraigó recién después de la muerte de Enrique, durante los reinados de Eduardo VI e Isabel I.
Primer Acto
En el año 1485 en Inglaterra llega al poder la familia Tudor. Previo a esto una guerra civil, llamada la Guerra de las Rosas (Rojas vs. Blancas), que duró treinta años deja el país separado en bandos. El vencedor en esa guerra es Enrique VII quien a partir de entonces buscará lograr la estabilidad del país iniciando una campaña de reconciliación y moralidad. Para ello se sigune estos tres pasos:
* Se casa con la hija de su adversario.
Siendo él de familia Lancaster, se casa con Elizabeth de York creando una nueva familia real (Tudor). Las rosas roja y blanca pasan a ser una sola.
*Uno de sus objetivos prioritarios es tener muchos herederos.
A su primer hijo lo llama Arturo. Asociando esta nueva etapa con un siglo de paz y oro en Inglaterra.
* Los Tudor pasan a ser los maestros de la enseñanza humanista católica.
Lady Margaret (madre de Enrique VIII), establece lugares de predicación en el país. Ella seguía la guía de su confesor, John Fischer, quien decía que la Biblia debe llegar a la gente para así recuperar sus enseñanzas.
Fischer, seguidor de Erasmo de Rotterdam, insistía que todos los sacerdotes aprendieran los idiomas bíblicos.
En este primer acto de reforma el énfasis fue en volver a la enseñanza moral de la Biblia. Se dio un paso hacia la extensión de la predicación y traducción de la Biblia pero no se reformaba aun el lugar que la Biblia tenia en establecer doctrina. Para ellos las bases de la fe cristiana seguían siendo una combinación de:
La Escritura,
los Padres de la Iglesia (Tradición) y
la erudición escolástica (razón)
En la próxima edición comentaremos los pasos que se dieron en la época de Enrique VIII hacia una iglesia reformada.
SEGUNDA PARTE
LA ESCRITURA Y LA TRADICION POR ENCIMA DE LA RAZON
Los problemas de Inglaterra con enemigos de Francia y Escocia. Llevan a Enrique VII a aliarse con España, casando a su hijo Arturo con Catalina de Aragón. Como este muere sin hijos el heredero pasa a ser Enrique VIII que tiene 18 años. Su padre piensa en mantener la alianza con España casando a Enrique VIII con la viuda de su hermano.
Según Lv.20:21 eso traería la maldición de no tener hijos y recordemos que los Tudor necesitaban tener herederos. En ese tiempo si alguien tenia este problema espiritual pedía la opinión del Papa. Al ser consultado, Julio II da una dispensa aprobando el casamiento. Enrique VIII y Catalina tienen 4 hijos que mueren de pequeños.
Antes de ver el momento de la separación de Roma es importante recalcar que al aparecer Lutero en escena y hablar contra Roma y sobre una salvación basada en la fe y no en obras, Enrique VIII lo condena no pudiendo creer que lo que enseñaba la iglesia estuviese mal. Por ello escribe "La defensa de los 7 sacramentos" en 1521 y el Papa le otorga el titulo de "Defensor de la Fe"
En 1516 Enrique tiene una hija y en 1526 declara que su esposa ya no puede tener mas hijos. Enrique teme que gobierne una mujer. Así que recuerda Lv. 20:21 y un erudito le dice que la traducción es "no tendrás heredero". En base a esto y a su experiencia, Enrique se convence de que el Papa le había mentido al atribuirse una autoridad que no le correspondía, es decir al poner su decisión por encima de la Biblia.
Se dirige al nuevo Papa y le pide lo libere del matrimonio anterior para poder casarse de nuevo. Pero debido a que el sobrino de Catalina de Aragón es Carlos V y a que este tenia tropas cerca de Roma, el Papa teme y no hace nada. Los consejeros de Enrique le dicen que busque errores en el documento para que se anule el matrimonio, pero Enrique no acepta eso porque estaba convencido de estar "bajo maldición" y lo que él quería era el perdón del Papa. Esta situación hecha por tierra el argumento de que busco separación de la iglesia para poder casarse. Él entendía que debía salir de su mal para salir de maldición.
La ruptura con Roma se basó en el principio fundamental de que el Papa no puede tener autoridad mas allá de la Palabra de Dios. Enrique VIII nota que el Papa tenia más autoridad que la Escritura y por tanto que tiene mas poder sobre la iglesia del que debía.
Por ello en 1534 se promulga la ley de supremacía real declarando al Rey cabeza de la Iglesia visible de Inglaterra. A partir de entonces la Iglesia de Inglaterra deja de estar bajo la autoridad del Papa.
Enrique decide que la Iglesia Romana se ha equivocado al poner sus enseñanzas por encima de la Biblia. El rey pasa a ser el responsable de la enseñanza y los sacramentos. por lo que nombra a personas para afirmar esa enseñanza. Entonces conservadores y protestantes pelean para que Enrique VIII tome sus ideas.
Asi llegamos a un nuevo paso en la reforma donde el escolasticismo deja de tener la misma autoridad que los Padres de la Iglesia (tradición) y la Escritura en el definir la enseñanza de la iglesia.
Una de las de este paso fue el permitir que se imprima la Biblia en el idioma del pueblo. Pero los tradicionalistas lo convencen en la segunda parte de su reinado que por tener la Biblia la gente piensa en la salvación por fe y no hace nada, por ello se vuelve atrás con la distribución de Biblias. Pero la reforma no toma su forma final con Enrique quien nunca deja la idea de la salvación por obras y la de la transustanciación.
TERCERA PARTE
LOS CONSEJEROS DE ENRIQUE VIII
T. Cranmer. 1489-1556 Era seguidor de Erasmo el cual predicaba una fe simple basada en la fuente original (la Biblia). Por ello Cranmer enfatiza la autoridad de la Biblia por encima de la autoridad de la Iglesia. Esto implicaba que un Papa no podía decir sí a lo que la Biblia decía no. Aunque Cranmer inicialmente solo pensaba en una reforma moral y no doctrinal, al ser enviado por Enrique VIII a Alemania es influenciado por la teologia luterana. Alli se casa, hecho que demuestra su cambio en doctrina.
Al ser invitado por Enrique como Arzobispo de Canterbury, junto a Cromwell (nombrado vicegerente de la administración de la iglesia) busca no solo cambiar moralidad sino tambien la enseñanza de la iglesia.
Le dicen a Enrique que la doctrina debe derivarse de la Biblia y que si se promovia la Biblia en el país caería el poder que el Papa tenía a través de los sacerdotes. Por otro lado los tradicionalistas dicen que si la promueven, la gente dejaria de obedecer.
Enrique clausura los monasterios por razones económicas, políticas y teológicas.
Enrique dice que el Papa usurpo el poder y que la enseñanza esta en la enseñanza apostólica y los sacramentos. Y que desacuerdos con la autoridad del Papa no ponen en duda la catolicidad de la iglesia.
Acto 3 Escritura por encima de la tradición y la razón.
Enrique VIII deja a su sucesor, Eduardo VI, rodeado de consejeros protestantes. Thomas Cranmer tiene ahora 6 años para formar una iglesia católica protestante.
En esta etapa se critica también el lugar de los Padres de la Iglesia (la tradición) en el establecimiento de doctrina en aquellos puntos en que su enseñanza oscurece la salvación por gracia.
Enrique decía que la catolicidad de la iglesia no se pone en duda por desacuerdos con el la autoridad Papal sino que ser iglesia católica es tener la enseñanza (basada en los padres de la Iglesia y la Escritura ) y guardar los sacramentos.
Ahora, Cranmer dice que ser iglesia católica es buscar encontrar consenso con las Escrituras como autoridad ultima para definir asuntos de salvación. La iglesia solo guarda las Escrituras, pero no tiene poder sobre ellas.
La iglesia católica es la del antes del 1000 d.C. y la medieval no es católica en palabras de Cranmer. Por tanto la iglesia romana no era iglesia verdadera en su pensar.
R. Hocker y Field, 50 años después, abren el camino al ecumenismo. Son duros en cuanto a mezcla de tradición y Escritura pero hacen la siguiente distinción: dicen que la Iglesia católico romana tiene el mismo fundamento de salvación por gracia pero malentiende como se aplica. Pero el entender el concepto de salvación por gracia igual le hace iglesia verdadera, aunque en serio error.
Cambios en este tercer acto:
Se establece la autoridad de la Escritura por encima de la iglesia para establecer doctrina. También hay un cambio litúrgico, ya que entre 1547 y 1553 se imprimen el Libro de oración Común, las homilías y 42 articulos de fe.
Acto 4
Para 1553 las bases de la reforma ya habían sido echadas en Inglaterra, pero al morir Eduardo, Maria la Sanguinaria intenta volver al Catolicismo Romano. Por ello manda a la hoguera a Cranmer y otros reformadores como Latimer y Tindale. En este período queda en suspenso la reforma hasta la muerte Maria y su hermana Isabel toma el trono.
Isabel busca un protestantismo comprensivo, eligiendo continuar la reforma de Eduardo. Así el Parlamento la declara gobernadora de la iglesia (cambiando el termino "Cabeza" asignado a Enrique VIII).
En 1551 se reimprimen las homilías de Cranmer y el Libro de Oración Común de 1552 pero inserta cambios quitando referencias contra el Papa. Para 1563 se aprueba otro libro de homilías y se definen los 39 artículos de fe. Así es como llega a tomar forma final la reforma en Inglaterra.
Al morir Elizabeth, Jaime VI de Escocia pasa a ser Jaime I de Inglaterra. Este es el Rey que autoriza traducir la Biblia por lo cual toma el nombre de King James.
Años mas tarde en 1689 hay un acto de tolerancia para protestantes trinitarios y restricciones a Católicos Romanos. De esta manera cae el pensamiento de "un país-una iglesia".
Recién en 1830-40 se abre la posibilidad a los Católicos romanos de ejercer su fe. En nuestro país este hecho tiene sus repercusiones al realizarse el tratado de libre comercio en 1825 en que se permite a los protestantes ingleses tener sus propias iglesias en un país católico romano.
Como se menciono al inicio de esta serie de estudios sobre la reforma de la iglesia en Inglaterra, el motivo para la reforma no fue el capricho de una persona sino que fue el reflejo de la gracia de Dios obrando en las vidas de personas a lo largo de la historia, personas que lejos de ser caprichosas estuvieron dispuestas a cambiar sus tradiciones, y aún a dar sus vidas por el afán guardar el mensaje de la salvación por gracia y comunicarlo fielmente.
Y gracias a estas personas que se dejaron usar por Dios este mensaje llego a nosotros. Que nosotros siguiendo su ejemplo podamos ser fieles en conocer y proclamar a Cristo, para que muchos mas conozcan a su Salvador.
CUADRILATERO DE LAMBETH
Conferencia de Lambeth de 1888
Resolución II
Que, en la opinión de esta Conferencia, los siguientes Artículos proporcionan una base sobre la cual acercarse, con la bendición de Dios, a la Unidad Cristiana:
(a) Las Sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento, que "contienen todas las cosas necesarias para la salvación", como la regla y última norma de Fe.
(b) El Credo de los Apóstoles, como símbolo Bautismal, y el Credo Niceno, como declaración suficiente de la Fe cristiana.
(c) Los dos sacramentos ordenados por Cristo mismo--el Bautismo y la Cena del Señor --administrados con el uso indefectible de las palabras de institución de Cristo y los elementos ordenados por El.
(d) El Episcopado Histórico, adaptado localmente en los mtodos de su administración a las diversas necesidades de las naciones y pueblos llamados por Dios a la unidad de su
Iglesia.
CUALIDADES DE LA IGLESIA ANGLICANA
UNA IGLESIA HISTORICA
¿La iglesia de los ingleses?
La Iglesia Anglicana nació en Inglaterra, pero ahora hay más anglicanos fuera del país de origen que en Inglaterra misma. Hoy es una familia de iglesias, esparcida por todas partes del mundo, y no limitada a los países de habla inglesa.
En el Cono Sur, la presencia de la Iglesia Anglicana se debe a la llegada de miembros de la Comunidad Británica y a la obra de misioneros ingleses. En Brasil y en otros países latinoamericanos, la presencia anglicana se debe más a la obra misionera de la Iglesia Episcopal de EE. UU.
ENRIQUE VIII
A veces uno escucha que Enrique VIII fundó una nueva iglesia para conseguir la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón, pero, él no "fundó una nueva iglesia", sino declaró la independencia de una antigua iglesia que ya estaba en proceso de renovarse. Esta anulación fue la ocasión, y no la causa, de la separación de la Iglesia de Roma. Nuestra herencia espiritual no fue ganada por los deseos personales de un individuo sino por la fe de hombres y mujeres con una visión nueva para la Iglesia de Dios. La reforma se arraigó después de la muerte de Enrique, durante el reinado de Eduardo VI e Isabel I.
LOS PRINCIPIOS
La Iglesia ha existido en Gran Bretaña desde los primeros siglos de la época cristiana. En el Concilio de Arles, en el año 314, participaron tres obispos británicos. Al llegar los invasores anglosajones en el siglo V, la iglesia fue confinada a las sierras de Gales e Irlanda. Un siglo más tarde, los anglosajones fueron evangelizados por monjes celtas de Irlanda y Escocia y por monjes italianos de Roma. El líder de los monjes romanos, Agustín, estableció la sede de Canterbury en el siglo VI. En el año 664 la rama celta aceptó la primacía de Canterbury y todos quedaron bajo la creciente autoridad del Obispo de Roma.
Antes del siglo XVI ya habían aparecido críticas por el estado de la iglesia, entre ellos el catedrático y párroco Juan Wycliff (1329-84). Wycliff sostuvo la superioridad absoluta de la Biblia sobre los pronunciamientos de la Iglesia en asuntos de fe y práctica. Insistió que cada hombre y mujer tenía el derecho de leer y oír las escrituras en su lengua madre. Wycliff produjo la primera traducción de la Biblia al inglés, la que sirvió de base a otra, hecha por Guillermo Tyndale en 1526, la que ayudó a preparar el terreno para una "revolución" espiritual en Inglaterra.
No es necesario hablar inglés para ser buen anglicano, ¡pero un poquito de latín ayuda! En documentos medievales se habla de la "Ecclesia Anglicana". Esta frase se parece tanto a "Iglesia Anglicana" que vale la pena notar que antes de la reforma era básicamente una designación geográfica de la rama de la Iglesia Católica Romana (la única en occidente) en Inglaterra y otras partes de las Islas Británicas. La existencia de la Iglesia Anglicana como una iglesia con su propio gobierno independiente comienza con la reforma, aunque doctrinas fundamentales como la Trinidad son anteriores a esta época. Recordemos que el cristianismo estaba presente en las islas británicas ya desde el siglo III.
UNA IGLESIA REFORMADA
Al llegar el siglo XVI, las Iglesias que estaban en comunión con Roma se habían alejado mucho de la sencillez y espiritualidad de la Iglesia Apostólica. La tremenda inquietud entre seres humanos sinceros con relación a este estado de cosas se cristalizó cuando el monje alemán, Martín Lutero, lanzó su desafío contra las corrupciones de la Iglesia Católica Romana en 1517.
Lutero había descubierto en la Biblia una verdad básica que la Iglesia había sepultado bajo un montón de tradiciones humanas. Era la doctrina de la justificación por la fe, según la cual el ser humano no puede obtener el perdón de sus pecados por sus propios esfuerzos. Según la postura teológica de los Reformadores, todo el aparato ritual de la Iglesia Medieval - tanto penitencias como peregrinaciones, ayunos, austeridades, absoluciones, misas, purgatorio, reliquias e indulgencias - era insuficiente como medio de reconciliar al ser humano con Dios. La reconciliación ya la había efectuado Dios mismo, actuando en Cristo. Dios acepta (justifica) al ser humano que está en Cristo. Queda entonces para el ser humano el aceptar al Salvador por fe, arrepintiéndose y sirviendo a su Señor en el poder del Espíritu Santo como expresión de su confianza y gratitud. Ver Artículos 10, 11, y 12 de los 39 Artículos.
Este redescubrimiento creó nueva vida en la Iglesia. Brotó una gozosa libertad espiritual que no pudo ser contenida bajo las formas medievales. Trágicamente, el Papa y los Cardenales se resistieron a los cambios propuestos. Las Iglesias de Europa tuvieron que decidir entre la autoridad de Roma y la autoridad de la Biblia.
Cuando la ley que negaba la supremacía papal fue introducida por el rey en el parlamento en 1534, una gran mayoría estuvo a favor. Así había comenzado la Reforma de la Iglesia en Inglaterra.
UNA IGLESIA BIBLICA
Enrique VIII introdujo una Biblia inglesa en cada templo, pero no vio con agrado introducir cambios radicales. Años antes el rey había recibido el título de "Defensor de la Fe" de parte del Papa, por haber escrito contra la doctrina de Lutero. La Reforma tomó más ímpetu durante el reinado de su hijo, Eduardo VI (1546-53). En 1549, Tomás Cranmer, el arzobispo de Canterbury, produjo el primer "Libro de Oración Común", y el segundo fue publicado en 1552. Estos libros y las ediciones subsiguientes, junto con una base bíblica, han dado al anglicanismo su carácter distintivo.
Por medio del Libro de Oración Común, los cultos públicos reciben una forma litúrgica que facilita la participación de toda la congregación en su propio idioma. Se conserva mucho de las liturgias antiguas, pero incluye material compuesto por los reformadores y exhala una atmósfera distinta, conteniendo gran cantidad de lectura de las Escrituras. Se hace provisión para la administración de los dos sacramentos instituidos por Jesús, (Artículo 25) el Santo Bautismo (Artículo 27) y la Santa Comunión (Artículos 28, 29, y 30). El bautismo de los hijos de los creyentes es recomendado, y al tener uso de razón, cada bautizado debe afirmar sus votos y recibir la imposición de manos por un obispo en la administración de la Confirmación. El orden para la Santa Eucaristía proclama la muerte de Cristo, afirmando que Jesús "extendió sus brazos sobre la cruz y se ofreció en obediencia a tu voluntad, un sacrificio perfecto por todo el mundo". Ver el Artículo 31.
La Iglesia Anglicana retiene el ministerio tradicional de obispos, presbíteros, y diáconos. En el Libro de Oración Común, se encuentra la fórmula para su ordenación y consagración. Los votos hechos por los candidatos nos recuerdan que ningún ministerio es apostólico si es que rechaza la doctrina de los apóstoles. Los clérigos anglicanos son primeramente pastores y ministros de la Palabra y Sacramentos. Ver los Artículos 19, 23, y 32.
El Libro de Oración Común contiene un leccionario litúrgico siguiendo el año eclesiástico que hace énfasis en cada aspecto de las doctrinas bíblicas fundamentales. Un calendario provee un plan sistemático para la lectura de toda la Biblia, tanto en el hogar como en el templo. En cada culto se leen por lo menos dos pasajes bíblicos.
UNA IGLESIA COMPRENSIVA
El carácter bíblico de la Iglesia Anglicana no se realizó sin sufrimiento. La reina María (1516-1558) la hizo volver a la obediencia romana. Tomás Cranmer, Nicolás Ridley, Hugo Latimer, otros obispos, y una muchedumbre del pueblo, fueron quemados por su imperturbable adhesión a principios bíblicos. Este costoso testimonio facilitó el establecimiento de la reforma por Isabel I (1533-1603). Su excomunión por el Papa en 1570, consumó la ruptura con Roma. Consciente de la diversidad de convicciones religiosas dentro de su reino, Isabel I dio un carácter comprensivo y tolerante a la Iglesia "no inquiriendo demasiado en las conciencias". La Reina resistió las demandas de los extremistas de que toda tradición no explícitamente autorizada por la letra de la Biblia debiera ser eliminada: ver Artículo 34. Los "39 Artículos de la Religión", aprobados en 1562, definieron los limites de esta política comprensiva. Desde aquel entonces, el desafío anglicano ha sido "muéstrennos que hay algo claramente expuesto en la Sagrada Escritura que nosotros no enseñamos y lo enseñaremos. Muéstrennos que hay algo en nuestra enseñanza y práctica claramente contraria a la Sagrada Escritura y lo abandonaremos".
En los siglos posteriores a la Reforma, la Iglesia Anglicana ha llegado a tener unos 70 millones de miembros en todas partes del mundo. Es más correcto hablar de la "Comunión Anglicana", una comunidad de 56 Iglesias autónomas o Provincias Eclesiásticas, entre las cuales, la Iglesia madre, la Iglesia de Inglaterra, es solamente un miembro. El Arzobispo de Canterbury no posee ninguna autoridad papal, pero su presidencia en la Conferencia de Lambeth, que reúne a los obispos cada 10 años, conserva la unidad básica de la Comunión. Ni el Arzobispo, ni la Conferencia de Lambeth, pueden imponer sus decisiones sobre las Iglesias locales. Lo mismo sucede con la Conferencia de Arzobispos y Obispos Primados que se reúne cada tres años y con el Consejo Consultivo Anglicano que también se reúne cada tres años. Ellos tienen, más bien, una autoridad moral y no ejecutivo.
Inevitablemente el espíritu de comprensión ha traído mucha diversidad a la Iglesia Anglicana. Al no forzar a sus fieles a una conformidad absoluta, el Anglicanismo pone su confianza en la autoridad del Espíritu Santo - "El os guiará a toda verdad" (Juan 16:13). El Libro de Oración Común y Los 39 Artículos de la Religión, protegen la Iglesia contra herejía, desorden, y anarquía, pero no se le quita al individuo el derecho y el deber de seguir su conciencia iluminada por el Espíritu y la Palabra. Su ideal es una fusión de disciplina corporativa y responsabilidad individual: creyentes que no sean esclavizados, ni por la ley, ni por la licencia.
UNA IGLESIA CATOLICA Y REFORMADA
El adjetivo "católico" describe lo que es "general" o "universal". Los Anglicanos llaman a su Iglesia "católica" porque están convencidos que ella sigue siendo una parte genuina de aquella verdadera iglesia, la iglesia universal, que en todas partes y por todos los siglos ha confesado a Jesús como su Señor y Salvador. En la iglesia primitiva los cristianos denominaban "católica" a aquella fe y práctica enseñada por la iglesia universal, para distinguirla de los errores inculcados por sectas aisladas. La Comunión Anglicana acepta el "Cuadrilátero de Lambeth" (Resolución II de la Conferencia de Lambeth de 1888) que refiere a las escrituras, los credos de los Apóstoles y de Nicea, los dos sacramentos, y el episcopado histórico, como bases de la unidad cristiana. El texto de esta resolución se encuentra en el Libro de Oración Común, "Libro Rojo", página 740, y "Libro Azul" página 772.
Al llamarse católica, la Iglesia Anglicana aclara que ella no es una secta herética ni cismática, sino que posee continuidad con la fe, práctica y ministerio de la Iglesia Primitiva. No olvidando nunca que la tradición eclesiástica es inferior a la tradición apostólica contenida en las Sagradas Escrituras, el Anglicanismo se complace en aprender del pasado. Sus miembros expresan su fe por medio de los Credos escritos en la antigüedad, especialmente el Credo de los Apóstoles, y el Credo de Nicea. Hay respeto por las decisiones de los concilios generales cuando no contradicen la escritura. El pensamiento de los padres de la iglesia, y de los demás maestros fieles que Dios ha dado a su pueblo en cada época, enriquece y profundiza el entendimiento de la Palabra de Dios.
Los Anglicanos insisten que la reforma no es lo opuesto al catolicismo original, sino su salvaguardia. El adjetivo "reformado" denomina a aquellas iglesias que testifican a favor de la tradición apostólica encontrada en la Biblia y aceptada por el catolicismo: envuelve una protesta contra aquellas doctrinas añadidas después por la Iglesia de Roma. Entre estas enseñanzas se encuentran la infalibilidad y vicariato papal, justificación por obras, purgatorio, indulgencias, la inmaculada concepción y asunción corporal de María, el "sacrificio" de la misa y transubstanciación, el celibato obligatorio del clero y la mediación de los santos. Estos temas están siendo debatidos en la "Comisión Internacional de Diálogo Anglicano.
LOS 39 ARTICULOS DE LA RELIGION
Conforme fueron establecidos por los Obispos, Clérigos y Laicos de la Iglesia Protestante Episcopal en los Estados Unidos de América, en Convención, el día doce de septiembre, del Año de nuestro Señor 1801.
1. De la fe en la Santísima Trinidad.
Hay un solo Dios vivo y verdadero, eterno, sin cuerpo, partes o pasiones, de infinito poder, sabiduría y bondad; el creador y conservador de todas las cosas, as¡ visibles como invisibles. Y en la unidad de esta naturaleza divina hay tres Personas de una misma substancia, poder y eternidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
II. Del Verbo o Hijo de Dios, que fue hecho verdadero hombre.
El Hijo, que es el Verbo del Padre, engendrado del Padre desde la eternidad, el verdadero y eterno Dios, consubstancial al Padre, tomó la naturaleza humana en el seno de la Bienaventurada Virgen, de su substancia; de modo que las dos naturalezas enteras y perfectas, esto es, divina y humana, se unieron en una Persona,para no ser jamás separadas, de lo que resulto un solo Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre; que verdaderamente padeció, fue crucificado, muerto y sepultado, para reconciliarnos con su
Padre, y para ser sacrificio, no solo por la culpa original, sino también por los pecados actuales de los hombres.
III. Del descenso de Cristo a los infiernos.
Así como Cristo murió por nosotros y fue sepultado, también debemos creer que descendió a los infiernos.
IV. De la resurrección de Cristo.
Cristo resucitó verdaderamente de entre los muertos, y tomó de nuevo su cuerpo, con carne, huesos y todo lo que pertenece a la integridad de la naturaleza humana; con la cual subió al cielo, y allí esta sentado, hasta que vuelva para juzgar a todos los hombres en el último día.
V. Del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo, es de una misma substancia, majestad y gloria, con el Padre y con el Hijo, verdadero y eterno Dios.
VI. De la suficiencia de las Sagradas Escrituras para la salvación.
Las Sagradas Escrituras contienen todas las cosas necesarias para la salvación; de modo que cualquier cosa que no se lee en ellas, ni con ellas se prueba, no debe exigirse de hombre alguno que la crea como artículo de fe, ni debe ser tenida por requisito necesario para la salvación. Por las Sagradas Escrituras entendemos aquellos libros canónicos del Antiguo y Nuevo Testamento, de cuya autoridad nunca hubo duda alguna en la Iglesia.
De los nombres y número de los libros canónicos.
Génesis - El Libro 1ø de Samuel - El Libro de Ester - Exodo - El Libro 2ø de Samuel - El Libro de Job - Levítico - El Libro 1ø de los Reyes - Los Salmos - Números - El Libro 2ø de los Reyes - Los Proverbios - Deuteronomio - El Libro 1ø de Crónicas - El Eclesiastés o Predicador Josué - El Libro 2ø de Crónicas - Los Cantares de Salomón - Jueces - El Libro 1ø de Esdras - Los Cuatro Profetas Mayores - Rut - El Libro 2ø de Esdras (con Lamentaciones) - (Nehemías) Los Doce Profetas Menores
Los otros Libros (como dice San Jerónimo), los lee la Iglesia para ejemplo de vida e instrucción de buenas costumbres, mas ella, no obstante, no los aplica para establecer doctrina alguna; y tales son los siguientes:
El Libro 3ø de Esdras El resto del Libro de Ester -
El Libro 4ø de Esdras El Libro de Sabiduría
El Libro de Tobit Jesús el Hijo de Sirac
El Libro de Judit Baruc el Profeta
El Cántico de los Tres Mancebos La Oración de Manass
La Historia de Susana El Libro 1ø de los Macabeos
De Bel y el Dragón El Libro 2ø de los Macabeos
Recibimos y contamos por canónicos todos los libros del Nuevo Testamento según son recibidos comúnmente.
VII. Del Antiguo Testamento.
El Antiguo Testamento no es contrario al Nuevo, puesto que en ambos, Antiguo y Nuevo, se ofrece vida eterna al genero humano por Cristo, que es el único Mediador entre Dios y el hombre, siendo l Dios y Hombre; por lo cual no deben escucharse a los que pretenden que los antiguos patriarcas solamente buscaban promesas transitorias. Aunque la Ley de Dios dada por Moisés, en cuanto a ceremonias y ritos, no obliga a los cristianos, ni deben necesariamente recibirse sus preceptos civiles en ningún Estado; no obstante, no hay cristiano alguno que est exento de la obediencia a los mandamientos que se llaman morales.
VIII. De los Credos.
El Credo Niceno y el comúnmente llamado de los Apóstoles deben recibirse y creerse enteramente, porque pueden probarse con los testimonios de las Sagradas Escrituras. El articulo original, dado con beneplácito real en 1571 y reafirmado en 1662, se intituló "De los tres Credos"; y comenzaba as¡ "Los tres Credos, el Niceno, el de Atanasio y el comúnmente llamado de los Apóstoles..."
IX. Del pecado original.
El pecado original no consiste (como vanamente propalan los pelagianos) en la imitación de Adan, sino que es la falta y corrupción en la naturaleza de todo hombre que es engendrado naturalmente de la estirpe de Adán; por esto el hombre dista muchísimo de la rectitud original, y es por su misma naturaleza inclinado al mal, de manera que la carne codicia siempre contra el Espíritu y, por lo tanto, el pecado original en toda persona nacida en este mundo merece la ira y la condenación de Dios. Esta infección de la naturaleza permanece aun en los que son regenerados; por lo cual la concupiscencia de la carne, llamada en griego _povnæ_ _apKos, (que unos interpretan como sabiduría, otros sensualidad, algunos afecto y otros el deseo de la carne), no est sujeta a la Ley de Dios; y aunque no hay condenación alguna para los que creen y son bautizados, aún así el apóstol
confiesa que la concupiscencia y la lujuria tienen en si misma naturaleza de pecado.
X. Del libre albedrío.
La condición del hombre después de la caída de Adán es tal que no puede convertirse ni prepararse con su propia fuerza natural y buenas obras a la fe e invocación de Dios. Por lo tanto, no tenemos poder para hacer buenas obras que sean gratas y aceptables a Dios, sin que la gracia de Dios por Cristo nos prevenga, para que tengamos buena voluntad, y obre en nosotros, cuando tenemos esa buena voluntad.
XI. De la justificación del Hombre.
Somos reputados justos delante de Dios solamente por el mérito de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, por la fe, y no por nuestras propias obras o merecimientos. Por ello, el que seamos justificados únicamente por la fe es Doctrina muy saludable y muy llena de consuelo. como más ampliamente se expresa en la Homilía de la justificación.
XII. De las buenas obras.
Aunque las buenas obras, que son fruto de la fe y siguen a la justificación, no pueden expiar nuestros pecados, ni soportar la severidad del juicio divino, son, no obstante, agradables y aceptables a Dios en Cristo, y nacen necesariamente de una verdadera y viva fe; de manera que por ellas la fe viva puede conocerse tan evidentemente como se juzga al árbol por su fruto.
XIII. De las obras antes de la justificación.
Las obras hechas antes de la gracia de Cristo y la inspiración de su Espíritu no son agradables a Dios, porque no nacen de la fe en Jesucristo, ni hacen a los hombres dignos de recibir la gracia, ni (según dicen algunos autores escolásticos) merecen la gracia de congruencia; antes bien, ya que no son hechas como Dios ha querido y mandado que se hagan, no dudamos que tengan naturaleza de pecado.
XIV. De las obras de supererogación.
Obras voluntarias no comprendidas en los mandamientos divinos, llamadas obras de supererogación, no pueden enseñarse sin arrogancia e impiedad; porque por ellas los hombres declaran que no solamente rinden a Dios todo cuanto est n obligados a hacer, sino que por su causa hacen m s de lo que por deber riguroso les es requerido; pero Cristo claramente dice: "Cuando hayan hecho todas las cosas que se les han mandado, digan 'Siervos inútiles somos'".
XV. De Cristo, el único sin pecado.
Cristo en la realidad de nuestra naturaleza fue hecho semejante a nosotros en todas las cosas excepto en el pecado, del cual fue enteramente exento, tanto en su carne como en su espíritu. Vino para ser el Cordero sin mancha que, por el sacrificio de si mismo una vez hecho, quitase los pecados del mundo; y en El no hubo pecado (como dice San Juan). Pero nosotros los demás hombres, aunque bautizados y nacidos de nuevo en Cristo, aún ofendemos en muchas cosas; y, si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos. Y la verdad no est en nosotros.
XVI. Del pecado después del bautismo.
No todo pecado mortal voluntariamente cometido después del bautismo es pecado contra el Espíritu Santo e irremisible. Por ello, no debe negarse la gracia del arrepentimiento a los caídos en pecado después del bautismo. Después de haber recibido el Espíritu Santo, podemos apartarnos de la gracia concedida y caer en pecado, y por la gracia de Dios levantarnos de nuevo y enmendar nuestras vidas. Por lo tanto, debe condenarse a los que dicen que ya no pueden volver a pecar mientras vivan, o que niegan el poder del perdón los que verdaderamente se arrepienten
XVII. De la predestinación y elección.
La predestinación a la vida es el eterno propósito de Dios, quien (antes que fuesen echados los cimientos del mundo), por su invariable consejo, a nosotros oculto, decretó librar de
maldición y condenación a los que él ha elegido en Cristo de entre los hombres, y conducirles por Cristo a la salvación eterna, como a vasos hechos para honrar. Por lo tanto, los que son agraciados con tan excelente beneficio de Dios son llamados según su propósito por su Espíritu que obra a debido tiempo; por la gracia obedecen el llamado; son justificados libremente, son hechos hijos de Dios por adopción, son hechos a la imagen de su unigénito Hijo Jesucristo; viven religiosamente en buenas obras y finalmente, por la misericordia de Dios, llegan a la felicidad eterna.
Así como la consideración piadosa de la predestinación y de nuestra elección en Cristo est llena de un dulce, agradable e inefable consuelo para las personas piadosas, que sienten en sí mismas la operación del Espíritu de Cristo, mortificando las obras de la carne y sus miembros mortales, levantando su ánimo a las cosas elevadas y celestiales, no sólo porque establece y confirma grandemente su fe en la salvación eterna que han de gozar por medio de Cristo, sino porque enciende fervientemente su amor hacia Dios; así también para las personas indiscretas y carnales a quienes les falta el Espíritu de Cristo, el tener continuamente delante de sus ojos la sentencia de la predestinación divina es un precipicio muy peligroso, por el cual el diablo les impele a la desesperación o al abandono a una vida totalmente impura, no menos peligrosa que la desesperación.
Además, debemos recibir las promesas de Dios en la forma que nos son generalmente establecidas en las Sagradas Escrituras, y en nuestros hechos seguir la divina voluntad que nos ha sido expresamente declarada en la Palabra de Dios.
XVIII. De obtener la salvación eterna sólo por el Nombre de Cristo.
Deben, asimismo, ser anatematizados los que se atreven a decir que todo hombre ser salvo por medio de la ley o la secta que profesa, con tal que sea diligente en conformar vida con aquella ley y con la luz de la naturaleza; porque las Sagradas Escrituras nos manifiestan que solamente por el Nombre de Jesucristo es que han de salvarse los hombres.
XIX. De la Iglesia.
La Iglesia visible de Cristo es una congregación de hombres fieles, en donde se predica la pura Palabra de Dios, y se administran debidamente los sacramentos conforme a la
institución de Cristo, en todas las cosas que por necesidad se requieren para los mismos.
Así como la Iglesia de Jerusalén, la de Alejandría y la de Antioquía han errado, así también ha errado la Iglesia de Roma, no sólo en cuanto a su vida y forma de ceremonias sino también en asuntos de fe.
XX. De la autoridad de la Iglesia.
La Iglesia tiene poder para decretar ritos o ceremonias, y autoridad en las controversias de fe. Sin embargo, no es lícito que la Iglesia ordene cosa alguna contraria a la Palabra Divina escrita, ni puede exponer una parte de las Escrituras de modo que contradiga a otra. Por ello, aunque la Iglesia sea testigo y custodio de los Libros Sagrados, así como no debe decretar nada en contra de ellos, así tampoco debe obligar a creer cosa alguna que no se halle en ellos como requisito para la salvación.
XXI. De la autoridad de los Concilios Generales.
[El artículo vigésimo primero de los artículos antiguos se omite, por tener en parte u naturaleza local y civil, y est previsto en sus demás partes en otros artículos.]
El texto original de 1571 y de 1662 de este articulo, omitido en la versión de 1801, dice: "No deben convocarse Concilios Generales sin mandamiento y voluntad de los príncipes.
Y al estar reunidos (ya que son una asamblea de hombres, en la que no todos son gobernados por el Espíritu y la Palabra de Dios), pueden errar y a veces han errado, aun en las cosas que son de Dios. Por lo tanto, aquellas cosas ordenadas por ellos como necesarias para la salvación no tienen fuerza ni autoridad, salvo que se pueda afirmar que son tomadas de las Sagradas Escrituras".
XXII. Del Purgatorio.
La doctrina romana concerniente al Purgatorio, indulgencias, veneración y adoración, así como a las imágenes y reliquias, y la invocación de los santos es una cosa fatua, vanamente inventada, que no se funda sobre ningún testimonio de las Escrituras, más bien repugna a la Palabra de Dios.
XXIII. Del ministerio a la congregación.
No es lícito a hombre alguno tomar sobre sí el oficio de la predicación pública o de la administración de los sacramentos a la congregación, sin ser antes legítimamente llamado y enviado a ejecutarlo; y debemos considerar legalmente llamados y enviados a los que son escogidos y llamados a esta obra por los hombres que tienen autoridad pública, concedida en la congregación, para llamar y enviar ministros a la vida del Señor.
XXIV. De hablar a la congregación en el idioma que entienda el pueblo.
El decir oraciones publicas en la Iglesia o administrar los sacramentos en un idioma que el pueblo no entiende es una cosa claramente repugnante a la Palabra de Dios y a la costumbre de la Iglesia primitiva.
XXV. De los sacramentos.
Los sacramentos instituidos por Cristo no solamente son sedales o pruebas de la profesión de los cristianos, sino m s bien son testimonios ciertos y signos eficaces de la gracia y la buena voluntad de Dios hacia nosotros, por los cuales El obra invisiblemente en nosotros, y no sólo aviva sino también fortalece y confirma nuestra fe en El.
Dos son los sacramentos ordenados por nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio, a saber, el Bautismo y la Cena del Señor.
Aquellos cinco, comúnmente llamados sacramentos, es decir, la Confirmación, la Penitencia, las Ordenes el Matrimonio y la Extrema Unción, no deben contarse como sacramentos del Evangelio, habiendo emanado en parte de una imitación corrompida de los apóstoles, y en parte son estados de vida permitidos en las Escrituras, pero no tienen igual naturaleza de sacramentos como la tienen el Bautismo y la Cena del Señor, porque carecen de algún signo visible o ceremonia ordenada por Dios.
Los sacramentos no fueron instituidos por Cristo para ser contemplados o llevados en procesión, sino para que hagamos debido uso de ellos; y sólo en aquellos que los reciben
dignamente producen un efecto u operación saludable, pero los que indignamente los reciben compran condenación para sí mismos, como dice San Pablo.
XXVI. De que la indignidad de los ministros no impide la eficacia de los sacramentos.
Aunque en la Iglesia visible los malvados est n siempre mezclados con los buenos, y algunas veces los malvados tienen autoridad superior en el ministerio de la Palabra y de los sacramentos, no obstante, como no lo hacen en su propio nombre sino en el de Cristo, ministran por medio de su comisión y autoridad, y podemos aprovecharnos de su ministerio, oyendo la Palabra de Dios y recibiendo los sacramentos. El efecto de la institución de Cristo no es eliminada por su iniquidad, ni es disminuida la gracia de los dones divinos con respecto a los que por fe reciben debidamente los sacramentos que se les ministran, los cuales son eficaces, debido a la institución y promesa de Cristo, aunque sean ministrados por hombres malvados.
Pertenece, sin embargo, a la disciplina de la Iglesia el que se averigüe sobre los ministros indignos, y que sean acusados por los que tengan conocimiento de sus ofensas; y que, finalmente, hallados culpables, sean depuestos por sentencia justa.
XXVII. Del Bautismo.
El Bautismo no es solamente un signo de profesión y una seña de distinción por la que se identifican a los cristianos de los no bautizados, sino también es un signo de regeneración o renacimiento, por el cual, como por instrumento, los que reciben debidamente el Bautismo son injertados en la Iglesia; las promesas de la remisión de los pecados y de nuestra adopción como hijos de Dios por medio del Espíritu Santo, son visiblemente señaladas y selladas; la fe es confirmada y la gracia aumentada, por virtud de la oración a Dios. El bautismo de los niños, como algo totalmente de acuerdo con la institución de Cristo, debe conservarse de cualquier forma en la Iglesia.
XXVIII. De la Cena del Señor.
La Cena del Señor no es sólo un signo del mutuo amor que los cristianos deben tener entre sí, sino, m s bien, es un sacramento de nuestra redención por la muerte de Cristo; de modo que para los que debida y dignamente, y con fe, lo reciben, el Pan que partimos es una participación del Cuerpo de Cristo y, del mismo modo, la Copa de bendición es una participación de la Sangre de Cristo.
La transubstanciación (o el cambio de la substancia del pan y del vino) en la Cena del Señor no puede probarse por las Sagradas Escrituras; m s bien repugna a las sencillas palabras de las Escrituras, destruye la naturaleza de un sacramento y ha dado ocasión a muchas supersticiones.
El Cuerpo de Cristo se da, se toma y se come en la Cena de un modo celestial y espiritual únicamente, y el medio por el cual el Cuerpo de Cristo se recibe y se come en la Cena, es la Fe.
El sacramento de la Cena del Señor no se reservaba, ni se llevaba en procesión, ni se elevaba, ni se adoraba, por ordenanza de Cristo.
XXIX. De los impíos, que no comen el Cuerpo de Cristo al participar de la Cena del Señor.
Los impíos y los que no tienen fe viva, aunque mastiquen carnal y visiblemente con sus dientes (como dice San Agustín) el sacramento del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, de ninguna manera son participes de Cristo; m s bien, comen y beben para su condenación el signo o sacramento de una cosa tan grande.
XXX. De las dos especies.
El cáliz del Señor no debe negarse a los laicos, puesto que ambas partes del sacramento del Señor, por ordenanza y mandato de Cristo, deben ministrarse por igual a todos los cristianos.
XXXI. De la única oblación de Cristo consumada en la cruz.
La oblación de Cristo, una vez hecha, es la perfecta redención, propiciación y satisfacción por todos los pecados del mundo entero, tanto el original como los actuales, y ninguna otra satisfacción hay por el pecado sino está únicamente. Por tanto, los sacrificios de las Misas, en las que se decía comúnmente que el presbítero ofrecía a Cristo en remisión de pena o culpa por los vivos y los muertos, eran f bulas blasfemas y engaños peligrosos.
XXXII. Del matrimonio de los presbíteros.
Ningún precepto de la ley divina manda a los obispos, presbíteros y diáconos vivir en el estado del celibato o abstenerse del matrimonio; por tanto, es lícito que ellos, al igual que los demás cristianos, contraigan matrimonio a su propia discreción, si considerasen que así les conviene mejor para la piedad.
XXXIII. De las personas excomulgadas y cómo deben evitarse.
La persona que, por denuncia pública de la Iglesia, es debidamente separada de la unidad de la misma y excomulgada debe considerarse por todos los fieles como pagano y publicano, hasta que, por medio de la penitencia, no fuera públicamente reconciliada y recibida en la Iglesia por un juez con autoridad competente.
XXXIV. De las tradiciones de la Iglesia.
No es necesario que las tradiciones y ceremonias sean en todo lugar las mismas o totalmente parecidas, porque en todos los tiempos han sido distintas y pueden cambiarse según la diversidad de los países, los tiempos y las costumbres, con tal que en ellas nada se ordene contrario a la Palabra de Dios. Cualquiera que, por su propio juicio, voluntaria e intencionalmente, quebrante abiertamente las tradiciones y ceremonias de la Iglesia, cuando estas no repugnen a la Palabra de Dios y estn ordenadas y aprobadas por la autoridad común, debe ser públicamente reprendido (para que otros teman hacer lo mismo), como quien ofende contra el orden común de la Iglesia, perjudica la autoridad del magistrado y vulnera la conciencia de los hermanos débiles.
Toda Iglesia particular o nacional tiene la facultad para ordenar, cambiar y abolir las ceremonias o ritos eclesiásticos ordenados únicamente por la autoridad del hombre, con tal de que todo se haga para su edificación.
XXXV. De las homilías.
El segundo libro de las homilías, cuyos distintos títulos hemos reunido al final de este artículo, contiene una doctrina piadosa, saludable y necesaria para estos tiempos, al igual que el anterior libro de las homilías publicado en tiempo de Eduardo Sexto y, por tanto, juzgamos que deben ser leídas por los ministros diligente y claramente en las iglesias, para que el pueblo las pueda entender.
De los nombres de las homilías.
1 Del debido uso de la iglesia.
2 Contra el peligro de la idolatría.
3 De la reparación y limpieza de las
4 De las buenas obras; del ayuno en primer lugar.
5 Contra la glotonería y embriaguez.
6 Contra el lujo excesivo el de sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo.
7 De la oración.
8 Del lugar y tiempo de la oración.
9 Que las oraciones comunes y los
10 De la reverente estimación de la Palabra de Dios.
11 De dar limosna.
12 Del nacimiento de iglesias. Cristo.
13 De la pasión de Cristo
14 De la resurrección de Cristo.
15 De recibir dignamente el vestido
16 De los dones del Espíritu Santo.
17 Para los Días de Rogativa.
18 Del estado del sacramentos deben celebrarse y matrimonio. administrarse en idioma conocido.
19 Del arrepentimiento.
20 Contra la ociosidad.
21 Contra la rebelión.
[Este artículo es recibido en esta Iglesia, en cuanto a que declara que el libro de homilías es una explicación de la doctrina cristiana e instructivo en la piedad y la moral; mas toda referencia a la constitución y las leyes de Inglaterra es considerada inaplicable a las circunstancias de esta Iglesia, la cual también suspende el orden para la lectura de dichas homilías en las iglesias, hasta que se haga una revisión conveniente para librarlas tanto de las palabras y frases obsoletas como de las referencias locales.]
XXXVI. De la consagración de los obispos y ministros.
El libro de la consagración de obispos y de la ordenación de presbíteros y di conos, según estableció la Convención General de esta Iglesia en 1792, contiene todas las cosas necesarias para dicha consagración y ordenación, y no contiene cosa alguna que sea en si supersticiosa o impía. Por tanto, decretamos que cualquiera que sea consagrado u ordenado según dicha forma esta debida, ordenada y legalmente consagrado y ordenado.
El texto original de 1571 y de 1662 de este articulo dice: "El libro de la consagración de arzobispos y obispos y de la ordenación de presbíteros y di conos, últimamente publicado
en tiempo de Eduardo Sexto y confirmado al mismo tiempo por autoridad del Parlamento, contiene todas las cosas necesarias para dicha consagración y ordenación, y no contiene cosa alguna que sea en sí supersticiosa o impía. Por tanto, decretamos que cualquiera que sea consagrado u ordenado según los ritos de dicho libro, desde el segundo ano del antedicho Rey Eduardo hasta el presente, o que se consagre o se ordene según dichos ritos, est debida, ordenada y legalmente consagrado y ordenado"
<Documentos Históricos 769>
XXXVII. Del poder de los magistrados civiles.
El poder del magistrado civil se extiende a todos los hombres, tanto clérigos como laicos, en todas las cosas temporales; mas no tiene autoridad alguna en las cosas puramente espirituales; y mantenemos que es deber de todos los hombres que profesan el Evangelio obedecer respetuosamente a la autoridad civil regular y legítimamente constituida.
El texto original de 1571 y de 1662 de este articulo dice: "La Majestad del Rey tiene el supremo poder en este Reino de Inglaterra y en sus demás Dominios, y le pertenece el supremo gobierno de todos los estados de este Reino, así eclesiásticos como civiles, y en todas las causas; y ni es, ni puede ser sometida a ninguna jurisdicción extranjera. Cuando atribuimos a la Majestad del Rey el supremo gobierno (títulos por los cuales, según entendemos, se ofenden las mentes de algunos calumniadores), no damos a nuestros príncipes la ministración de la Palabra de Dios ni de los sacramentos, cosa que atestiguan también con toda claridad las ordenanzas últimamente publicadas por nuestra Reina Isabel, sino aquella única prerrogativa que entendemos ha sido siempre concedida a los príncipes piadosos en las Sagradas Escrituras por Dios mismo, es decir, que deben
gobernar en todos los estados y grados que sean entregados por Dios a su cargo, ya sean eclesiásticos o civiles, refrenando con la espada civil a los tercos y malhechores.
El obispo de Roma no tiene ninguna jurisdicción en este Reino de Inglaterra. Las leyes del Reino pueden castigar a los hombres cristianos con la pena de muerte, por crímenes aborrecibles y graves.
Es lícito a los hombres cristianos, por orden del magistrado, tomar las armas y servir en las guerras.
XXXVIII. De los bienes de los cristianos, que no son comunes.
Las riquezas y los bienes de los cristianos no son comunes en cuanto al derecho, título y posesión, como falsamente se jactan ciertos Anabaptistas. No obstante, todos deben dar liberalmente de lo que poseen a los pobres, según sus posibilidades.
XXXIX. Del juramento del cristiano.
As¡ como confesamos que a los cristianos les est prohibido por nuestro Señor Jesucristo y su apóstol Santiago el juramento vano y temerario, también juzgamos que la religión cristiana de ningún modo prohibe que juren cuando lo exige el magistrado en causa de fe y caridad, con tal que se