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A N G L E
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Boletín de la Diócesis Anglicana Argentina
edición
nº 6 - diciembre 2009
Es media mañana, la temperatura está en aumento. También la ansiedad por iniciar el compromiso asumido, la entrega de los folletos del plan de evangelización promovidos por las iglesias evangélicas de la ciudad de Buenos Aires, en donde Del Buen Pastor y San Pedro (Flores) participan.
Reconozco mi limitación de hablar sobre Jesús sólo con quienes sienten y piensan espiritualmente como yo, pero hacerlo con desconocidos y a boca de jarro, nunca antes lo había hecho.
Son las 11, Horacio (Raigorosky) mi compañero de tarea llega al lugar de la cita convenida, Marcos Paz y Beiró. Intercambiamos brevemente algunas palabras, hacemos una oración por lo que vamos a hacer y sin más dilaciones nos encaminamos al primer sitio, una inmobiliaria (Rucco). Entramos al local, un hombre y una mujer saltan de sus asientos sonrientes disputándose un potencial cliente - ya no hay tiempo de arrepentimiento, es hablar o huir - y una fuerza interior me anima. Al tiempo que extraigo de la bolsa unos folletos comienzo a expresarles el mensaje de paz que traemos y el motivo por el cual estamos ahí. La mujer, quizá frustrada en su expectativa, regresa al asiento a seguir con las tareas de escritura que hacía en su escritorio. Continuamos con el hombre, recibiendo de él como respuesta una profunda atención, reconociendo y aceptando lo que le decimos. Unos segundos después, en lo personal, ya me sentía de igual modo que hablando con alguno de los hermanos del grupo casero o de la iglesia. La angustia que me pesaba había desaparecido al instante de romper la inercia, al tomar la decisión de hacerlo.
NO SÓLO CREER, TAMBIÉN OBEDECER
Moisés tuvo que dar el primer paso para que las aguas se abrieran, igual que otros similares ejemplos en la Biblia. La llave fue la actitud, la de hablar, no tenía nada planificado, se cumplió la promesa que el Espíritu pone palabras en la boca. A partir de ese momento todas las siguientes visitas a otros comercios fue sencillo. La misma atención, la buena disposición y sobre todo, ningún rechazo.
Para algunos este relato podrá parecerle infantil, pero para un temeroso que eludió el compromiso a la obediencia, quiero divulgarlo como un acto de expresar los temores que interiormente cualquier humano padece. Confieso, también, las dudas que tuve para difundir esta nota, de mostrarme como soy al desnudar mis debilidades. De quitarme la máscara de mi aparente comportamiento. Tantas veces prometí; “Señor usame” y cuando me dio la oportunidad; me hice el distraído o simplemente callé. Pienso que no es suficiente la buena imagen que podamos dar de nuestra vida cristiana hacia el prójimo, también son necesarias las acciones, como la verbal de este ejemplo. “¿De qué sirve estudiar la palabra de Dios para sólo quedarnos con ella - le comento a Horacio - cuando lo importante es hacerla conocer a quienes no la saben y de esta manera poder extender Su reino?”.
Humildemente quiero expresar a través de esta experiencia, un aliento para aquéllos que padecen lo que sentí y el bienestar que ahora tengo luego de haber cumplido su mandamiento.
Que el Señor les bendiga ricamente
...................................................... Roberto de Dios Herrero

“Y nos mandó que predicásemos al pueblo y testificásemos que El es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos”.
............................... Hechos 10:42
El versículo es objetivo, es un mandamiento de Dios, pero una cosa es reconocerlo y la otra practicarlo. Dicho de otra manera, no ser sólo lectores sino hacedores.